Ésta mañana, al abrir los ojos, me acerqué a mi ventana. Ahí te vi, acurrucado entre tus sábanas. Sintiendo el calor de la mañana. Todavia soñando. Yo no podía dejar de mirarte. Estaba escondida tras la pared, y tu soñabas.
Te sonó el despertador y lo apagaste, te quedaste mirando hacia mi ventana. Yo no podía parar de contemplarte. Parecías triste, agotado. Así estuviste un buen rato, hasta que por fin una mujer de pelo teñido y unos cuarenta años, entró por tu habitación. Tu te sentaste en la cama, y cuando se fué, volviste a mirar mi ventana. Yo tuve que irme...
¿Qué era aquello? un mundo... tú.
tú, un imposible al que jamás podré llegar. Estás en otro mundo, que puedo observar desde mi ventana. Eres una quimera que ni siquiera puedo alcanzar con la llema de mis dedos.
No sé cómo te llamas, ni tampoco cuáles son tus aficiones. Pero me gusta verte y que me acerques con tu mirada...
Si me voy... te echaré de menos, si te vas... mi corazón sería solo arena